DALT cifra y organiza tus credenciales detrás de una clave maestra que solo tú conoces. Nunca se guarda, nunca se transmite: existe solo en el momento en que la usas.
Cada paso añade una capa. Ninguna depende de la anterior para protegerte: si una falla, las demás siguen en pie.
Accedes con tu usuario igual que en cualquier servicio. Esta es la puerta exterior: identifica quién eres.
Una segunda clave, personal e intransferible, que DALT no almacena en ningún lugar. Solo existe en tu memoria.
Con ambas claves, tus credenciales se descifran en el momento, se muestran, y se borran de la vista cuando ya no las necesitas.
Cada credencial se cifra individualmente antes de tocar la base de datos. Nadie con acceso al servidor ve nada legible.
De tu clave maestra solo se deriva una llave temporal mediante PBKDF2, que vive en tu sesión y desaparece al cerrarla.
La sesión te identifica. La clave maestra te autoriza. Son independientes: comprometer una no abre la otra.
Al copiar una contraseña, se borra del portapapeles a los 30 segundos. Cada acceso queda registrado en tu historial.
Banca, trabajo, correo, redes. Cada credencial en su sitio, con el icono real del servicio detectado automáticamente.